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30/1/13

Fotografía joven en Londres II: Mariell Amélie



Mariell Amélie, "She had just left for
heaven, they said #3" 
(2011)
Criada en una pequeña isla al norte de Noruega, cerca del círculo polar, Marielle Amélie se trasladó hace unos años a Londres, donde actualmente vive y trabaja como fotógrafa de moda. Actividad, ésta, que combina con la que ya desde la infancia es su pasión: sus "autorretratos de humores". 

Según la propia artista, el hecho de criarse como hija única en esa pequeña y despoblada isla la obligó a aprender a gozar de su propia compañía, es por esta razón que se siente más libre con los autorretratos que trabajando con modelos. Así sus autorretratos, que gozan de títulos tan poéticos como "She had just left for heaven, they said" o "Sharp retractable claws, and teeth adapted to killing small prey", marcan una especie de hoja de ruta vital, sin la cual asegura Mariell que no podría vivir.

En un estilo aislado, frío y misterioso, Mariell realiza la mayoría de sus autorretratos durante sus breves viajes a su isla noruega, donde reencuentra la soledad y el silencio que marcaron su infancia. Sus retratos intemporales, inspirados en recuerdos y sueños, desprenden una aura de romanticismo del siglo XXI.


Como en el post anterior, os dejo un fragmento de la entrevista que hice a Mariell para el catálogo de la exposición colectiva "International Photo-Graph-East-in London" en The Vyner Studio, una actividad paralela al consolidado festival de fotografía de East London Photomonth:


Mariell Amélie, "Finding home series" (2012)
“Grew up on a small island, above the polar circle, in Northern Norway with her parents and a cat”, this is what we can read in the “bio” section of your website. How do you reconcile this peaceful origin with London's maelstrom? 
When I do my selfportraits I go back back to Norway. I find it hard to do my selfportraits in London because the buildings and locations is not like back home. The landscape and locations plays a big role in my portraits.

Do you think the polarity your Norway island - London is translated into your work?
After I moved to London my pictures changed a little bit. They look less naive and perhaps a little bit more cold. I miss my island when I am in London and I think that makes my feelings stronger as I am taking the pictures.

Both your commissioned work and your personal ones consist mainly of portraits with a poetic background. What's behind this halo, this “non-presence”?
I take pictures because I am not very good at painting or writing. It is my way of putting my feelings down to paper, and that is probably why my photos sometimes look a bit poetic.

The titles in your works are very poetic too, “Untitled” is not your stuff?
There is pretty much always a though behind all of my photos. I think a title makes the picture stronger and it makes people think more about what is actually going on in the picture.

What are the topics in your work?
A lot of my pictures are about waiting.

What is your working ritual?
I go home to Norway about 3 times a year, this is when I try doing most of my self-portraits. I visit old buildings and I bring my dad to help me out most of the times, as I don’t drive myself and sometimes its good having a person to test-shoot on before I go in front of the camera myself. I do like being by myself when I actually take the picture though. Before a self-portrait-shoot I plan a few outfits and I have a few ideas, but never an actually planned shot. I have to feel the house or the landscape and see what would be right to do just there and then.



Mariell Amélie, "She had just left for heaven, they said series" (2011)


10/8/11

La "Historia del Arte" de Yasumasa Morimura



El Japón de la segunda mitad del siglo XX se caracteriza por la quiebra de los valores tradicionales de la cultura milenaria nipona y la rápida absorción de un nuevo modelo político, cultural y económico: el capitalismo occidental. Este proceso - inverso al llevado a cabo durante la centuria inmediatamente anterior, en el que el arte y cultura japoneses ejercieron una gran influencia en la bohemia europea - responde a un intento de poner fin a la grave crisis de identidad que sigue a la Segunda Guerra Mundial a través de la plena identificación con el gigante occidental.

Es en este contexto de redefinición cultural en el que se forma el artista nipón Yasumasa Morimura, que se lanzaría definitivamente a la fama internacional con su propia y caprichosa "Historia del Arte" (1990-1999), una serie que parte de un profundo repaso de gran parte de los iconos de la historia del arte occidental para reflexionar acerca de una serie de dualidades que forman el corpus de la trayectoria artística de Morimura - oriente vs. occidente, propio vs. extrangero, tradicional vs. contemporáneo, original vs. copia, masculino vs. femenino, artista vs. espectador -.

Partiendo de reproducciones de obras maestras de la pintura occidental - Morimura no muestra ningún interés por la ocntemplación de los originales de Leonardo Da Vinci, Diego Velázquez, Francisco de Goya, Édouard Manet, Marchel Duchamp o Frida Kahlo -, el artista crea una escenografía a través de la cual se transforma a sí mismo en obra de arte. Pero su labor no es meramente transformista, sino que existe un trabajo performativo de interiorización de actitudes que alude directamente al proceso artístico, en elq ue las fotografías - presentadas del tamaño en el que el artista se imagina los originales - son tan solo un medio documental que registra y presenta la acción.

Como perfecto conocedor de la cultura occidental y de la suya propia, Morimura introduce en las complicadas escenografías, innumerables elementos extraños - vinculados a menudo con la cultura nipona - que, junto con los títulos que da a sus obras, completan definitivamente el significado de la obra o le otorgan un nuevo punto de vista que favorece la interpretación subjetiva. Así pues, hay un doble placer del espectador en observar las recreaciones kitsch del artista japonés: el disfrute ante sus sensuales y pretendidas interpretaciones y el recuerdo de los magníficos originales cuidadosamente elegidos.

Detras de estas recreaciones - que continúan en dos series dedicadas a Frida Kahlo y Francisco de Goya, dos pintores que se convierten en obsesión, y en la contemporánea "Actress", en la que explora la sexualidad banal de los iconos eróticos del panorama cinematográfico occidental - se vislumbran siempre los mismos interrogantes en torno al concepto de identidad. A través del autorretrato - hay que tener presente la escasa tradición del retrato en el arte japonés dbido a la influencia de la religión Budista - el artista confirma su propia existencia y se convierte a la vez en un intruso que "cuela" sus rasgos asiáticos en el espacio iconográfico reservado a los protagonistas del arte europeo, transformándolos gracias a una especie de omnipresencia creadora y fundiendo su propia identidad con la del icono y todas sus implicaciones.

"Una de mis intenciones es aumentar las posibilidades de mi existencia, lo cual soy capaz de hacer transformándome en un infinito número de objetos y personajes" (1989).



3/4/10

Orlan, la cirugía del arte.


El cuerpo humano ha quedado obsoleto. Ya no responde satisfactoriamente a la situación. Mutamos a la velocidad de las cucarachas, pero somos cucarachas que tienen sus memorias en los ordenadores, que pilotan aviones o coches que hemos diseñado nosotros mismos, aunque nuestro cuerpo no esté diseñado para su velocidad y todo vaya cada vez más deprisa. Nos encontramos en la frontera de un mundo para el que no estamos preparados ni física ni mentalmente”.

Con una importante dosis de filosofía hindú a lo “el cuerpo como instrumento del alma” y un deleite por la estética barroca, los trabajos de la artista multimedia francesa Orlan (1947) siempre han girado alrededor del cuerpo humano – su propio cuerpo de hecho, que en sus primeras performances le sirvió como unidad de medida para sus mesurages de edificios institucionales –. Y a través del cuerpo se ha ido centrando en la cuestión de la identidad que refleja y la posibilidad de metamorfosearla a través de los cambios en el cuerpo.

Quizá sus trabajos más “espectaculares” y más en la línea de la renovación de este cuerpo “obsoleto” sean las nueve intervenciones quirúrgicas – convertidas en performances que dirige meticulosamente en un estado de semiconsciencia – a las que somete su cuerpo en un acto de “renacimiento, reconstrucción y desfiguración”. Con una actitud crítica y provocadora hacia los estándares de belleza, incorpora cuidadosamente a sus facciones rasgos de las grandes figuras femeninas de la historia del arte – la frente de Mona Lisa, apelando a la belleza ambigua, los labios de Europa de Gustave Moreau, el mentón de la Venus de Botticelli y los ojos de una activa e incluso agresiva Diana de la escuela de Fontainebleau –.

En estas operaciones de cirugía estética, su cuerpo es percibido como un templo, un lugar de ritual – aunque a priori puedan resultar éstos un tanto extraños –, del mismo modo en que lo es el cuerpo místico hindú. Y en su siguiente trabajo potencia esta faceta mística de su identidad, convirtiéndose en Sainte Orlan que, ataviada con peinados que simulan Goturams, se regocija en la imaginería y los rituales sagrados hindús para las múltiples representaciones de su faceta “divina”.

En las Selfhybridations, sigue en el camino de trasfigurar su rostro según los estándares de belleza de distintas culturas y épocas, siendo el resultado un mosaico de autorretratos mutantes que proponen una descabellada serie de nuevos estándares de belleza para el futuro.

Cabría la posibilidad de preguntarse si estos trabajos están en la línea del body art o el accionismo vienés? Orlan utiliza las filmaciones de sus acciones a modo de manifiesto de lo que ella llama Carnal Art.